viernes, 19 de octubre de 2018

LA ROSA Y EL SAPO


Había una vez una rosa roja muy bella, se sentía de maravilla al saber que era la rosa más bella del jardín. Sin embargo, se daba cuenta de que la gente la veía de lejos. Se dio cuenta de que al lado de ella siempre había un sapo grande y oscuro, y que era por eso que nadie se acercaba a verla de cerca. Indignada ante lo descubierto le ordenó al sapo que se fuera de inmediato; el sapo muy obediente dijo: Está bien, si así lo quieres.


Poco tiempo después el sapo pasó por donde estaba la rosa y se sorprendió al ver la rosa totalmente marchita, sin hojas y sin pétalos. Le dijo entonces: Vaya que te ves mal. ¿Qué te pasó?


La rosa contestó: Es que desde que te fuiste las hormigas me han comido día a día, y nunca pude volver a ser igual.
El sapo solo contestó: Pues claro, cuando yo estaba aquí me comía a esas hormigas y por eso siempre eras la más bella del jardín.


Reflexión:
Muchas veces despreciamos a los demás por creer que somos más que ellos, pero debemos comprender que siempre habrá algo que aprender o enseñar, nadie debe despreciar a nadie. No vaya a ser que luego nos arrepintamos de hacer a un lado a aquella persona que nos hace da la mano.

TODO ACTO GENERA CONSECUENCIAS


Ese año las lluvias habían sido particularmente intensas en toda la región. Una gran corriente del río se  llevó la choza de un campesino, pero cuando cesaron, habían dejado en la tierra una valiosa joya. El buen hombre vendió la joya y con la suma que le entregaron reconstruyó su choza y el  resto se lo regaló a un niño huérfano y desvalido del pueblo.


La gran corriente había arrasado también  otro poblado y un campesino, para salvar la vida, tuvo que aferrarse a un tronco de un árbol que  flotaba sobre las turbulentas aguas. Otro hombre, despavorido, le pidió socorro, pero el campesino se lo negó, diciéndose a sí mismo: “Si se sube éste al tronco, a lo mejor se vuelca y me  ahogo”.


Los años pasaron y hubo una guerra en ese reino. Ambos campesinos fueron alistados. El campesino bondadoso fue herido de gravedad y fue llevado al hospital. El médico que le atendió con gran cariño y eficacia era aquel muchachito huérfano al que él había ayudado. Lo reconoció y  puso toda su ciencia y amor al servicio del malherido. Logró salvarlo y se hicieron grandes amigos de por vida.

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El campesino egoísta tuvo por capitán de la tropa a aquel hombre a quien no había auxiliado en aquella ocasión. Y éste lo envió a primera línea de combate, días después halló la muerte en las trincheras.


Reflexión: Las consecuencias siguen a los actos. La generosidad engendra generosidad y  el egoísmo, egoísmo. Debemos cultivar acciones piadosas: amor, compasión, alegría  por la dicha de los otros y justicia.

ACUÉRDATE DE SOLTAR EL VASO


Un psicólogo, en una sesión grupal, levantó un vaso con agua. Todo el mundo esperaba la típica pregunta: “¿Está medio lleno o medio vacío?” Sin embargo, preguntó: – ¿Cuánto pesa este vaso? Las respuestas variaron entre 200 y 250 gramos. El psicólogo respondió: “El peso absoluto no es importante. Depende de cuánto tiempo lo sostengo. Si lo sostengo un minuto, no es problema. Si lo sostengo una hora, me dolerá el brazo. Si lo sostengo un día, mi brazo se entumecerá y paralizará. El peso del vaso no cambia, es siempre el mismo. Pero cuanto más tiempo lo sujeto, más pesado, y más difícil de soportar se vuelve.”



Reflexión: “Las preocupaciones, los pensamientos negativos, los rencores, el resentimiento, son como el vaso con agua. Si piensas en ellos un rato, no pasa nada. Si piensas en ellos todo el día, empiezan a doler. Y si piensas en ellos toda la semana, acabarás sintiéndote paralizado, e incapaz de hacer nada.” 


Nota: ¡Acuérdate de soltar con vaso!

LA MECHA


Un hombre oyó una noche que alguien andaba por su casa. Se levantó y, para tener luz, intentó sacar chispas del pedernal para encender su mechero. Pero el ladrón causante del ruido, vino a colocarse ante él y, cada vez que una chispa tocaba la mecha, la apagaba discretamente con el dedo. Y el hombre, creyendo que la mecha estaba mojada, no logró ver al ladrón.


Reflexión: En tu corazón hay alguien que apaga el fuego, pero tú no lo quieres ver.

jueves, 18 de octubre de 2018

TÚ GOBIERNAS TU MENTE, NO TU MENTE A TI


Un estudiante, se quejaba de que no podía meditar, sus pensamientos no se lo permitían. Habló de esto con su maestro diciéndole: “Maestro, los pensamientos y las imágenes mentales no me dejan meditar; se van unos segundos; pero luego vuelven con más fuerza. No puedo meditar”. El maestro le dijo que esto dependía de él mismo. No obstante, el estudiante seguía lamentándose de que sus pensamientos no se lo permitían y se sentía confundido. Cada vez que intentaba concentrarse, todo un mundo de pensamientos y reflexiones, a menudo sin sentido que irrumpían en su cabeza…


El maestro entonces le dijo: “Bien. Aferra esa cuchara y tenla en tu mano. Ahora siéntate y medita”. El discípulo obedeció. Al cabo de un rato el maestro le ordenó:” ¡Deja la cuchara!”. El alumno así hizo y la cuchara cayó. Miró a su maestro con asombro y éste le preguntó: “Entonces, ahora dime ¿quién toma a quién, tú a la cuchara, o la cuchara a ti?


Reflexión: Mantén tu mente en un solo objetivo, y así lograras lo que te has propuesto.

miércoles, 17 de octubre de 2018

EL ELEFANTE ENCADENADO


Cuando yo era chico me encantaban mucho los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. También a mí como a otros, me llamaba la atención el elefante. Durante la función, el enorme paquidermo hacia despliegue de su tamaño, peso y fuerza descomunal… pero después de su actuación y antes de volver al escenario, el elefante se quedaba sujeto solamente por una cadena que lo aprisionaba en una de sus patas clavadas a una pequeña estaca clavada en el suelo. Sin embargo, la estaca era solo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que el animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir.


El misterio es evidente: ¿Qué lo mantiene entonces? ¿Por qué no huye? Cuando tenía 5 o 6 años yo pregunté por el misterio del elefante. Algunas personas me explicaron que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado. Hice entonces la pregunta obvia: -Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan? No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo me olvide del misterio del elefante y la estaca… y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta.

Hace algunos años descubrí que por suerte para mí alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta: El elefante del circo no se escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde muy, muy pequeño. Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró, sudó, tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo, no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Juraría que se durmió agotado, y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que le seguía… Hasta que un día, un terrible día para su historia, el elefante aceptó su incapacidad y se resignó a su destino.


Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no se escapa porque cree que NO PUEDE. Él tiene recuerdos de su incapacidad, de aquella que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente. Jamás… jamás… intentó poner a prueba su fuerza otra vez…

Reflexión:
Muchas veces asumimos que cuando no podemos hacer algo, es porque nada va a cambiar solo debemos intentarlo y veremos cosas increíbles.

EL BAMBÚ JAPONÉS


No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego. También es obvio que quien cultiva la tierra no se detiene impaciente frente a la semilla sembrada, y grita con todas sus fuerzas: ¡Crece, de una buena vez! Hay algo muy curioso que sucede con el bambú y que lo transforma en no apto para impacientes:

Siembras la semilla, la abonas, y te ocupas de regarla constantemente.


Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto que un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles.

Sin embargo, durante el séptimo año, en un período de sólo seis semanas la planta de bambú crece ¡más de 30metros!
¿Tardó sólo seis semanas crecer?

No, la verdad es que se tomó siete años y seis semanas en desarrollarse.


Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento que iba a tener después de siete años.

Reflexión:
En la vida cotidiana, muchas personas tratan de encontrar soluciones rápidas, triunfos apresurados, sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que éste requiere tiempo.

EL CIEGO Y EL COJO

En un bosque cerca de una ciudad vivían dos vagabundos. Uno era ciego y otro cojo; durante el día entero en la ciudad competían el uno con el otro.


Pero una noche sus chozas se incendiaron porque todo el bosque se incendió. El ciego podía escapar, porque no podía ver hacia donde correr, y todavía no se había extendido el fuego. El cojo podía ver que aún existía la posibilidad de escapar, pero no podía salir corriendo – el fuego era demasiado rápido, salvaje- , así pues, lo único que podía ver con seguridad era que se acercaba el momento de la muerte.

Los dos se dieron cuenta que se necesitaban el uno al otro. El cojo tuvo una repentina idea: “el ciego, puede correr, y yo puedo ver”. Olvidaron toda su competitividad.


En estos momentos críticos en los cuales ambos se enfrentaron a la muerte, necesariamente se olvidaron de su enemistad, se apoyaron el uno al otro; se pusieron de acuerdo en que el hombre ciego cargaría al cojo sobre sus hombros y así funcionarían como un solo hombre, el cojo puede ver, y el ciego puede correr. Así salvaron sus vidas. Y por salvarse naturalmente la vida, se hicieron amigos; dejaron sus diferencias.

Reflexión: 

Nuestras diferencias pueden ayudarnos a superar obstáculos cuando trabajamos juntos.